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lunes, 7 de marzo de 2011

YA NO LLUEVE de Rodrigo Ímaz



Galería Casa Frissac
México D.F. 2009

Durante el recorrido, un compendio circundante y reposado

chispea corriente abajo llegando al cielo.

Cuando se abstrae la rotación en parálisis, las gotas hacen mar.

Del mar las aves y de las nubes los puntos pulpo que le abrazan.

La reproducción como pálpito constante que gira preservando el

baile; como cuando se moja el suelo y se llenan los vasos.

Pero las ruedas que no se conducen se empañan mientras los

peregrinos de atrás duermen haciendo viaje.

De todos modos, ya no llueve tierra y lo que persiguen las calles,

siendo lo mismo que lo que refleja la huella, el objeto o este

momento, pues también volará.

Sara H. Peñalver

LAS PARVADAS Y EL LITORAL VERTICAL



LAS PARVADAS Y EL LITORAL VERTICAL
Juan Manuel López

“nada es más vasto que las cosas vacías"
Francis Bacon

El comienzo de una nueva mirada, también de arriba hacia abajo, al borde de la atmósfera en el límite del mundo en equilibrio de lo vertical del vacío, desenmascarando para siempre el anterior horizonte de la apropiación regional, o nacional, que ocultaba el de la duración y el de la extensión. La línea del horizonte es la primera frontera de la especie, la peor ”mi porvenir es el país que esta delante de mí”. La articulación de nuestras relaciones esta fundada sobre ese aplastamiento, sobre este apisamiento bajo el peso del cielo que nos constriñe a huir por la horizontal; todos nuestros conflictos pasados provienen de la chatura de la arena mundial, y el “Lebensraum” nazi no era más que el último avatar de este arcaismo geográfico.

Si bien para lo horizontal existe el horizonte, para lo vertical no existe tal cosa. Miramos entonces las
estrellas, la Luna, los otros planetas y vemos que en lo vertical no hay un límite. La línea del horizonte no es únicamente la plataforma del salto: es también el primer litoral ,el litoral vertical el que separa absolutamente lo" vacío" de lo "lleno".

Este vuelco gigantesco del mundo no nos alertó lo suficiente; desde entonces somos obrados, sin saberlo, y vivimos fláccidamente adosados al piso, estamos atravesados, tropezamos sin cesar y sin saberlo. El avión que nos sobrevuela nos corta el camino. Titubeamos como el homínido encorvado, primates, nuestros objetos y nuestras construcciones: inutilizables, inhabitables: la profundidad del cielo nos da vértigo, pero ni siquiera sabemos lo que éste significa, aunque conocemos el temor y el atractivo de las lejanías, la agorafobia responsable de las conquistas del imperio y la claustrofobia que aún no sirve para reprimir a nuestros enemigos, para secuestrar a nuestros amigos.

El vértigo y la libertad no son sinónimos. Los techos nos preservan…a nadie se le ocurrió que nos limitan más que las paredes. Cuando nos desplazamos por la calle o por el campo, nuestro andar resulta
comparable a una natación. Contemplamos el fondo, acostados, nos escapamos donde el dormir donde
nuestros sueños repiten la geometría de nuestras vigilias, y cuando caemos bruscamente nos reencontramos parados, despiertos, de cara al horizonte.

El homínido, sobre sus cuatro patas, ya no contemplaba más sus pies: miraba hacia delante; al enderezarse, sólo su cuerpo se ha desplazado hacia la práctica manual. Todavía falta enderezar la cabeza,
dejar de considerar nuestras manos y, narcisísticamente, sus obras, para ver la extensión profunda del
espacio sin horizonte, con el tiempo como último hito. La duración extendida encima de nuestras cabezas, de nuestros techos, ya es un campo de acción , un campo desconocido pero que debemos practicar si queremos volver a empezar otra vez…

Rodrigo Ímaz: Exposición PARVADA

Curaduría: Karen Huber
Galería La 77
México D.F. 2011

Dicen Gilles Deleuze y Felix Guattari en Mil mecetas: ¡No seáis ni Uno ni Múltiple, sed Multiplicidades!

Para ser Parvada hay que dejar de ser uno y ser varios. Un pájaro no puede ser parvada, varios sí: tal es el poder de la masa. La soledad del individuo a-islado se contrapone a la libertad que promete el aleteo en Parvada.

El vuelo simboliza la forma ideal de la libertad, mientras que la Parvada se refiere a la posibilidad de crear una comunidad. Los humanos somos tan sólo “bípedos implumes” que soñamos con elevarnos.

Las Parvadas representan la libertad del vuelo y la alegría de la compañía, son instantes poéticos donde todos los individuos trabajan por el bien común y disfrutan del placer de volar: giran, mutan, huyen, se desarticulan, hacen formas…viajan.

No podríamos decir que los pájaros en soledad no vuelan alto, sin embargo, al ser Parvada se vuelven una organización fuerte y productiva, comunicada entre ellos mismos, centenares de aves hacen una función común y cada individuo se mueve a la par del otro: la colectividad es una noción intrínseca en la que gran cantidad de ojos contribuyen a un buen sistema de alerta rápida.

El tema de la exposición surge de una serie de cuestionamientos del artista: ¿cómo es mi parvada?, ¿qué le aqueja?, tal y como si se preguntara ¿cómo está mi país?, ¿cómo están mis cercanos?, ¿qué le duele a los míos?

Metafóricamente, para el artista la Parvada es un elemento natural que le permite generar analogías con el comportamiento humano. Al mismo tiempo la Parvada es unelemento inaprensible y natural, lejos de las jaulas y los cautiverios -como la levedad de las alas- un instante de libertad.